8 de enero de 2019

Perry Engle – Obispo de las Conferencias del Medio Oeste y del Pacífico

Meditación de la Biblia: Hechos 6:8-9:31 (la propagación del Evangelio: los helenistas y los samaritanos)

En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria … Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio (Hechos 8:1, 4).

A la sombra del puente Benjamín Franklin, en Filadelfia, hay un callejón en el cual se encuentran catorce gastados escalones de granito que bajan hasta donde los barcos solían atracar en el río Delaware. Esos escalones son el último conjunto de escaleras públicas hechas por William Penn, el fundador de Pennsylvania, y datan de principios del siglo dieciocho. Yo me he sentado en esos escalones y me he preguntado si nuestros antepasados inmigrantes habrán subido por esta escalera al salir de los barcos en los que habían escapado a la persecución en Europa. Después de desembarcar, se esparcieron por las tierras que se hallan a lo largo del río Susquehanna. Entre esos refugiados nació la Iglesia de los Hermanos en Cristo hace casi doscientos cincuenta años.

Nuestras raíces en la BIC nos recuerdan a la Iglesia en sus primeros tiempos, cuando el martirio de Esteban condujo a una gran persecución que hizo que la Iglesia se esparciera por toda Judea y Samaria (Hechos 8:1). Esta fue la primera expansión de la Iglesia, y ciertamente no era la forma en que los primeros creyentes esperaban difundir la Palabra de Dios.

Sin embargo, las Escrituras nos dicen que «los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio» (Hechos 8:4). Al esparcirse, se encontraron con unas nuevas personas extrañamente receptivas ante la Palabra de Dios; gente de Judea, Samaria y Etiopía. Hasta el mismo Gran Perseguidor, Saulo, tuvo un encuentro con Jesús de una manera que transformó su vida (Hechos 9), y el mundo nunca ha vuelto a ser el de antes.

Esto nos sirve para recordar que la historia de inmigración de nuestra propia Iglesia BIC nos obliga a subir esos escalones cada vez que nos hayamos comenzado a sentir cómodos, para compartir la Palabra dondequiera que Dios nos esparza a nosotros. Para ir al encuentro de nuevos desconocidos que nunca antes hemos encontrado, cuyos idiomas aún no comprendemos, para predicarles la Palabra de Dios «a tiempo y fuera de tiempo» (2 Timoteo 4:2), hasta los confines de la tierra (Hechos 1:8).

Oración:

Padre. Muéstranos hacia dónde nos quieres esparcir a nosotros. Elimina de nosotros la necesidad de estar cómodos, y guíanos hasta las personas que tú quieres alcanzar con tu Palabra.