10 de enero de 2020

Aner Morejon – Obispo, Conferencia del Sureste

Meditación bíblica: Juan 20:11-18

Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro). Juan 20:15-16

Aquí hallamos muchas cosas hermosas dignas de imitación, y mi deseo es que usted pueda reflexionar sobre algunas de ellas al comienzo de este año.

Jesús vino para dignificar el ministerio de las mujeres. Las mujeres como María Magdalena reconocen que Jesús eleva el ministerio de ellas y como respuesta, le consagran a Él su vida: Lo acompañan en su ministerio, en su crucifixión están presentes y son las primeras en acudir temprano a su tumba. Como hermanos y hermanas en Cristo, esforcémonos por elevar la labor de las mujeres en el ministerio, y su contribución a la expansión del Evangelio.

María Magdalena anhela tanto ver a Jesús, que lo busca con desespero mientras llora de angustia. Ese mismo es el anhelo que debe estar constantemente en nosotros. Cuando nos enfrentemos a una aflicción, nunca releguemos a Jesús al puesto de nuestro último recurso: Tal vez tengamos otros recursos, pero Él es el primero que debemos tener.

Es maravilloso buscar a Jesús temprano. El anhelo que tiene María de ver a Jesús es tan grande, que ya desde el amanecer lo anda buscando. De igual manera, hagamos nosotros prioridad el buscarlo temprano; de ser posible, antes que salga el sol.

Jesús la llama por su nombre: «María». Es interesante el hecho de que, hasta que Jesús llama a María por su nombre, sus ojos están cegados hasta el punto de que lo confunde con el hortelano. Sin embargo, lo que es inconfundible para ella es la voz de Él. Vivimos en unos tiempos en los cuales son muchas las voces que compiten por atraer nuestra atención, de manera que necesitamos identificar a Dios cuando es Él quien nos habla, y podamos realizar su perfecta voluntad.

Y por último, cuando ella lo reconoce a Él, le dice: «Raboni» («Maestro»). Jesús es el modelo de lo que significa ser un verdadero maestro, y María, como los demás entre los primeros seguidores de Jesús, recuerda y practica sus enseñanzas. En contraste con esto, vemos que hoy en día hay muchos que llaman «Maestro» a Jesús, pero no siguen sus caminos. Cuando llamemos «Maestro» a Jesús, que sea porque seguimos sus pisadas.

Oración:

Jesús, ayúdame a buscarte y a crecer en mi relación contigo de una manera tal que conozca tu voz y te siga por donde tú me guíes.