Durante la última mitad del siglo XX, las leyes sobre el aborto se liberalizaron con la aprobación de la decisión Roe v. Wade por parte de la Corte Suprema de los Estados Unidos. Esto abrió la puerta a nuevas perspectivas sobre el aborto y los derechos de la mujer.
El testimonio bíblico sobre el aborto es que la vida humana es sagrada porque cada persona es creada a imagen de Dios (Génesis 1:27, Santiago 3:9, Salmo 8:4-5). Además, Jesús siempre enfatizo la sanidad y la preservación de la vida. Si bien el Antiguo Testamento no se refiere directamente al tema del aborto, sí condena el sacrificio de niños (Levítico 20:2-5). La ley mosaica también describe a una mujer embarazada que resulta herida de modo que sufre un aborto espontáneo, como una pérdida para la familia que le da derecho a una indemnización. En varios textos bíblicos, los escritores reconocen que, incluso en el vientre de su madre, Dios los conocía y los cuidaba (Job 10:8-12; Salmo 51:5-6; 139:13-16; Jeremías 1:4-5). En el Nuevo Testamento, Juan el Bautista dio un salto en el vientre de su madre en presencia de María, quien estaba embarazada de Jesús (Lucas 1:41). La Biblia claramente valora al niño en desarrollo antes del nacimiento. Este principio tiene implicaciones para el aborto.
Cuando no se enfrenta personalmente a un embarazo no deseado, es fácil decir no al aborto como método anticonceptivo. Sin embargo, existen situaciones que dificultan la decisión de no abortar: embarazos que resultan de una violación o incesto o que amenazarían gravemente la salud de la madre. Además, si la Iglesia va a rechazar al aborto, debe abordar situaciones en las que el aborto parece una opción viable. Este esfuerzo proactivo incluye lo siguiente:
- Dar valor a cada individuo vivo. Cuando una persona busca afirmación, aceptación o intimidad, una de las actividades a las que puede recurrir es la relación sexual. Tal relación no es para la procreación de una nueva vida, sino una afirmación de la vida presente. Un embarazo en tal circunstancia puede considerarse un riesgo. La comunidad cristiana debe reconocer que la necesidad de autoafirmación puede conducir a la actividad sexual.
- Mantener la enseñanza bíblica sobre la castidad prematrimonial y la fidelidad conyugal. Las relaciones sexuales significan unión en un pacto de matrimonio (1 Corintios 6:12-20). El compromiso con este estándar reduce la probabilidad de que el aborto se considere una opción necesaria.
- Brindar apoyo emocional, social y financiero para que el feto nazca a término. El aborto puede parecer la única opción para las personas económicamente desamparadas o socialmente abandonadas. La Iglesia debe comprometerse a permanecer a largo plazo con aquellos que enfrentan la dura realidad de traer un niño al mundo en circunstancias difíciles e infelices.
- Trabajar y apoyar organizaciones paraeclesiásticas, tal como centros de crisis de embarazo, agencias de adopción y otras organizaciones que apoyan activamente la santidad de la vida humana.
- Promover la adopción de niños de embarazos no deseados, incluiyendo niños de color y personas con necesidades especiales.
Nos oponemos a la práctica del aborto y afirmamos la santidad de la vida humana desde la concepción hasta la muerte. Nuestra posición pro-vida se opone a la guerra y la pena capital, así como al aborto.
Publicado por Brethren in Christ U.S., Edición 2017