¿Por qué deberíamos practicar un estilo de vida simple? La cultura sugiere que no somos verdaderamente felices, nunca del todo satisfechos, a menos que tengamos un trabajo que nos permita comprar los mejores y más recientes productos y ganarnos la admiración de nuestros amigos y colegas. La Iglesia a veces refleja este pensamiento del mundo. “Ama a Jesús y hazte rico y famoso” es una promesa que escuchamos incluso desde los púlpitos y los medios religiosos.
Un estilo de vida simple generalmente está ligado a la acumulación de dinero. Sin embargo, nuestro uso del tiempo también es enemigo de la simplicidad. Los teléfonos, las computadoras y los dispositivos para enviar mensajes de texto exigen nuestro tiempo. El tiempo y el dinero son cuestiones importantes relacionadas con la vida sencilla.
El ejemplo y las enseñanzas de Jesús son útiles para simplificar nuestras vidas. El estilo de vida de Jesús se caracterizó inicialmente por su nacimiento en un pesebre. En su ministerio, Jesús podía afirmar que no tenía dónde reclinar la cabeza. Cuando llamó a sus discípulos les instó dejarlo todo y seguirlo. Enseñó que era difícil o incluso imposible que un hombre rico entrara en el Reino de los cielos. Elevó a los pobres y humildes a posiciones de importancia espiritual: la viuda que dio dos monedas, el niño con los panes y los peces, el niño puesto como ejemplo para los discípulos de Jesús.
Debido a que somos los discípulos de Jesús del siglo XXI, traducimos su ejemplo en acciones apropiadas para nuestra vida y nuestro tiempo. Algunos cristianos hacen esto enumerando actividades que se ajustan o no a un estilo de vida simple. Si bien eso puede ser útil, también podemos enfocarnos en los principios para determinar un estilo de vida simple establecido en la Biblia.
Un estilo de vida simple se ajusta a la voluntad de Dios y busca su Reino ante todo (Mateo 6:33). Con esa actitud como el centro, otros aspectos de la vida cuadran en una perspectiva adecuada. Este principio no condena automáticamente a las personas con riquezas, siempre que la riqueza esté al servicio de la voluntad de Dios y su Reino. Además, el principio de dar prioridad al Reino de Dios condena a las personas con pocas posesiones que atesoran indebidamente lo poco que tienen y codician lo que otros poseen. Tanto para ricos como para pobres, poderosos e impotentes, la vida simple nos llama a ser sensibles al Espíritu de Dios para no deslumbrarnos con lo material y lo superficial: casas grandes y automóviles caros o trabajos influyentes y posiciones poderosas. Más bien usaremos nuestro dinero, posesión, tiempo e influencia para promover el Reino de Dios.
La vida simple valora la dignidad humana. Los cristianos no miden el valor de las personas por las cosas que poseen o los trabajos que realizan, sino por ser creados a imagen de Dios. Todos somos iguales a los ojos de Dios: ricos y pobres, poderosos e impotentes. Lázaro era una persona más noble que el hombre rico a quien le suplicaba (Lucas 16: 19-31). Medir el valor por la riqueza, las posesiones costosas o los trabajos influyentes es quitar la dignidad de ser creado a la imagen de Dios. Un estilo de vida simple afirma nuestra aceptación de esa verdad.
Un estilo de vida simple encarna la mayordomía. Los cristianos reciben para poder dar. Nuestras casas, cuentas bancarias, profesiones y, de hecho, todo lo que tenemos, no son nuestras, sino de Dios. Atesorar nuestro dinero, explotar nuestra tierra, trabajar solo para nuestro propio beneficio es abusar de los dones que Dios nos ha dado. Más bien, tenemos nuestra riqueza, posesiones y poder para apoyar a los necesitados (Efesios 4:28).
Un estilo de vida simple entiende que somos parte de un mundo interconectado. El estilo de vida de consumo de muchas personas adineradas contribuye a la pobreza y la desesperanza de muchas personas en países desfavorecidos. Los seguidores de Jesús reconocen cómo sus estilos de vida se relacionan con los millones de personas que carecen de los medios para vivir vidas saludables y productivas. El apóstol Juan pregunta: “Si alguien que posee bienes materiales ve que su hermano está pasando necesidad y no tiene compasión de él, ¿cómo se puede decir que el amor de Dios habita en él?” (I Juan 3:17). La vida simple nos permite compartir con nuestros hermanos y hermanas pobres e impotentes en todo el mundo.
Un estilo de vida simple reconoce que nuestras necesidades son mínimas. Estamos condicionados a querer mucho, y nuestros deseos se convierten rápidamente en necesidades. Sin embargo, el verdadero gozo y bendición no está en la acumulación de cosas y en satisfacer los deseos, sino en Jesús. Afirmamos con el apóstol Pablo: “he aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre.” (Filipenses 4:11-12). Estas palabras adquieren un significado adicional cuando reconocemos que Pablo las escribió desde la cárcel.
Un estilo de vida simple evita los peligros de la opulencia. Jesús dijo que las preocupaciones y la riqueza ahogan la palabra de Dios (Mateo 13:22). Nuestro dinero e influencia dan una falsa sensación de poder, lo que nos lleva a pensar que tenemos el control de nuestras vidas. Por eso Jesús dijo que no podemos servir a Dios y las riquezas al mismo tiempo (Mateo 6:24). Los seguidores de Jesús sirven a Dios en lugar de a sí mismos.
Un estilo de vida simple valora la belleza y la felicidad. Los cuadros en nuestras paredes, los libros en nuestros estantes y la música que escuchamos son medios para enriquecer nuestras vidas y glorificar a Dios. Jesús festejó en las casas de los ricos, no condenó a la mujer que le vertió un ungüento caro en los pies, y sin duda admiraba la belleza del templo. Pablo nos dio el tono correcto cuando dijo: “ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios:” (1 Corintios 10:31).
La renovación espiritual a menudo ha ido acompañada de un llamado a un estilo de vida simple. Ese llamado nos llega al considerar cómo podemos convertirnos en seguidores dignos de Aquel que nació en un pesebre.
Publicado por Brethren in Christ U.S., Edición 2017