Los Hermanos en Cristo tienen una larga historia de apertura al poder del Espíritu Santo para vivir una vida santa. Alentamos a las personas a buscar una relación vital y transformadora con el Dios viviente.
El Espíritu Santo nos enseña cómo comprender, interpretar y aplicar las Escrituras, que son la autoridad final para la fe y la práctica. Al abrir juntos las Escrituras, el Espíritu Santo nos ayuda a discernir la verdad y la voluntad de Dios, lo que nos permite permanecer fieles a la Palabra de Dios.
Con tales convicciones bíblicas, no es de extrañar que los Hermanos en Cristo se sientan atraídos por las expresiones contemporáneas de renovación espiritual. Este deseo está entretejido en nuestra comprensión de la vida cristiana. Sin embargo, reconocemos nuestra necesidad los unos de los otros, de modo que juntos discernimos las fortalezas y debilidades de varios movimientos atribuidos al Espíritu Santo.
A lo largo de nuestra historia, nos hemos encontrado con prácticas asociadas con varios movimientos de renovación. Por ejemplo, el movimiento de santidad era conocido por los llamados al altar, los gritos y las manos alzadas; el movimiento pentecostal se asoció con el hablar en lenguas y su interpretación en asambleas públicas; el movimiento carismático estuvo marcado por coros de alabanza, dones ministeriales y las manos alzadas en adoración; el movimiento de la Tercera Ola se caracterizó por la adoración expresiva, la oración colectiva y la enseñanza sobre la guerra espiritual. Otros movimientos de renovación se han caracterizados por enfatizar las palabras proféticas y caer bajo el poder del Espíritu.
Los Hermanos en Cristo se esfuerzan por mantenerse en sintonía con el mover del Espíritu Santo y permanecer fieles a la Palabra de Dios midiendo los movimientos de renovación contemporáneos mediante marcas bíblicas tales como:
El arrepentimiento
A través de toda la Biblia, el arrepentimiento precedió a nuevos derramamientos del Espíritu de Dios. Desde los días de los profetas del Antiguo Testamento hasta el sermón de Pedro en el día de Pentecostés, la renovación estuvo marcada por el pueblo de Dios humillándose, confesando su pecado y volviéndose a Dios en busca de liberación y guía, antes de que Dios respondiera con avivamiento y bendición. (2 Crónicas 7:14).
La plenitud del Espíritu Santo
En Pentecostés, cuando los discípulos esperaban la plenitud del Espíritu Santo, Dios les dio ese maravilloso don. Jesús enseñó “Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!” (Lucas 11:13). Cuando nos rendimos al gobierno soberano de Jesucristo a través de la presencia de su Espíritu, el viento de renovación sopla sobre la Iglesia.
La obediencia
Un compromiso renovado de obediencia a Cristo está indisolublemente ligado a la obra del Espíritu Santo. El apóstol Pablo demostró este vínculo usando frases como sean llenos del Espíritu. (Efesios 5:18) y “Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza” (Colosenses 3:16) indistintamente. Pablo enseñó que las personas llenas del Espíritu se distinguen por “amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, 23 humildad y dominio propio.” (Gálatas 5:22-23).
La comunidad
Dios demostró claramente un interés en crear comunidad. Dios llamó a Abraham para producir una nación (Génesis 12:2-3) e instituyó a la Iglesia para que fueran descendencia escogida, sacerdocio regio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios (1 Pedro 2:9). La comunidad, por tanto, es una dimensión vital de cualquier renovación enraizada en Dios.
Testimonio y servicio
La Iglesia experimenta nuevas manifestaciones de la gracia de Dios para dar testimonio y servicio en el mundo. A medida que la Iglesia cumple la Gran Comisión de hacer discípulos y busca ser una influencia redentora en el mundo con actos de amor y compasión, recibe del Espíritu Santo la dirección y la investidura de poder para cumplir su llamado. Los Hermanos en Cristo afirma las siguientes pautas para ayudarnos a determinar qué es un auténtico movimiento del Espíritu Santo:
- Afirmamos la doctrina de los Hermanos en Cristo de la obra del Espíritu Santo, tanto personal como corporativamente (Artículos de Fe y Doctrina, “La vida en el Espíritu”, Parte Dos, Sección IV).
- Celebramos y fomentamos la comunidad cristiana como el contexto para experimentar el don del Espíritu Santo dado en respuesta a nuestra fe y compromiso con Jesucristo como Salvador y Señor (1 Corintios 12:7; Efesios 4:3).
- Alentamos a todas las personas e iglesias a buscar a Dios para recibir la plenitud del Espíritu Santo.
- Afirmamos los servicios públicos de adoración vital y reconocemos que las personas experimentan a Dios de varias maneras y adoran en varios estilos.
- Anticipamos que el fruto del Espíritu (amor, gozo, paz, etc.) será evidente en la renovación (Gálatas 5:22-26).
- Entendemos que los dones del Espíritu se dan para fortalecer y agrandar el cuerpo de Cristo y para ser usados para el bien común de la Iglesia (Efesios 4:11-12).
- Reconocemos que la Biblia afirma una variedad de dones y experiencias espirituales.
- Reconocemos que nos necesitamos unos a otros para que juntos podamos discernir las fortalezas y debilidades de varios movimientos y fenómenos de nuestro día. Afirmamos el papel de los obispos y pastores de instruir claramente a las personas en las enseñanzas bíblicas, como la pureza del corazón y la santidad de vida, para que las personas puedan distinguir entre elementos esenciales y periféricos en la renovación.
- Creemos que el Espíritu Santo exalta a Cristo para la gloria de Dios (Juan 16:12-14).
Publicado por Hermanos en Cristo EE.UU., Edición 2017