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Sexualidad humana

Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó, y los bendijo con estas palabras: «Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar y a las aves del cielo, y a todos los reptiles que se arrastran por el suelo».

Génesis 1:27-28

Algunos fariseos se le acercaron y, para ponerlo a prueba, le preguntaron: —¿Está permitido que un hombre se divorcie de su esposa por cualquier motivo? —¿No han leído —replicó Jesús— que en el principio el Creador “los hizo hombre y mujer”, y dijo: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo”?Así que ya no son dos, sino uno solo. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

Mateo 19:3-6

Huyan de la inmoralidad sexual. Todos los demás pecados que una persona comete quedan fuera de su cuerpo; pero el que comete inmoralidades sexuales peca contra su propio cuerpo. ¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios.

1Corintios 6:18-20

Porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús.

Gálatas 3:27-28

En la resurrección, las personas no se casarán ni serán dadas en casamiento, sino que serán como los ángeles que están en el cielo.

Mateo 22:30

Los seres humanos son las creaciones de un creador sabio y amoroso y la obra de un maestro artista. Más que eso, somos obras maestras hechas a imagen del propio artista. Reflejamos mejor su imagen en comunidad unos con otros. Nuestro creador nos ama y nos diseñó con hermosos propósitos. Esta proclamación bíblica es el punto de partida para una comprensión cristiana de la sexualidad humana.

El sexo es una buena característica de nuestra existencia como criaturas corporales.

Los seres humanos somos creados a la imagen de Dios. Génesis menciona específicamente que la humanidad, en su diferenciación sexual entre hombre y mujer, refleja la imagen de Dios. Nuestra diferenciación sexual es tan innegable como esencial para el bienestar humano y la continuidad de la familia humana. Solo la unión de los dos sexos creados puede crear otra vida humana. Las Escrituras defienden la bondad y el poder generativo de la unión sexual como una imagen de la propia vida generativa de Dios. Además, Dios ha vinculado la unión de los dos sexos creados al pacto del matrimonio, y Jesús reafirmó esa conexión citando Génesis a sus críticos religiosos.

Hoy en día existen muchos debates sobre el significado de la palabra “sexo” y su relación con el concepto de género. Todo lo que se quiere decir aquí con la palabra “sexo” es el simple hecho de que las criaturas humanas están diseñadas por Dios con uno de dos conjuntos de capacidades corporales que permiten que cada sexo humano desempeñe un papel único en la continuación de la familia humana. Sin esta diferencia biológica básica, la humanidad no podría continuar.

Los cristianos están destinados a glorificar a Dios en sus cuerpos, entregan a él sus deseos sexuales.

Vivimos en un mundo caído y nacemos con deseos mal orientados. La brújula de nuestro corazón debería apuntarnos hacia nuestro Creador, pero en cambio encontramos el pecado obrando en nuestras mentes y cuerpos, alejándonos de él y de los propósitos para los que nos creó. Esto es cierto para toda persona humana en todos los ámbitos de la vida. El pecado, incluido el pecado sexual, es común a todas las personas.

Por esta razón, todos necesitamos la gracia de Dios y todos podemos regocijarnos de que él nos la ofrezca tan libremente. Su gracia no solo borra la culpa del pecado, sino que también nos transforma y nos da poder para vivir a su manera. Hay esencialmente dos caminos para la santidad sexual presentado para los discípulos de Cristo en las Escrituras: la alianza del matrimonio entre un hombre y una mujer y la vida célibe. Ambos caminos son difíciles y dependen de la gracia de Dios, ambos implican la negación de los deseos sexuales, ambos son bendecidos por Dios, ambos están diseñados por Dios para profundizar la participación de las personas en la comunidad, y ambos permiten una vida humana plena y satisfactoria.

Los cristianos glorifican a Dios en sus cuerpos cuando en un pacto matrimonial se comprometen con un miembro del sexo opuesto. Al hacerlo, niegan todo deseo de actividad sexual fuera del matrimonio y se esfuerzan por vivir en armonía con su cónyuge.

Los cristianos también glorifican a Dios en sus cuerpos cuando viven célibes, ya sea por un tiempo antes del matrimonio o como un estilo de vida comprometido. Una visión bíblica del sexo no significa que el matrimonio y el sexo sean necesarios para una vida completa y satisfactoria. Jesús, que fue célibe durante toda su vida, es el mejor ejemplo de la vida humana en su máxima expresión. El apóstol Pablo no solo era soltero y célibe, sino que elogiaba ese camino por encima del matrimonio.

La actividad sexual fuera de la unión matrimonial de los dos sexos se identifica en las Escrituras como porneia. Porneia significa cualquier uso de nuestra sexualidad para propósitos fuera del diseño de Dios. Todos los seres humanos enfrentan alguna tentación en esta área, a todos se les ofrece la gracia y todos son llamados para andar en santidad con la ayuda de Cristo. Nuestros cuerpos se han convertido en templos del Espíritu Santo porque Jesús nos compró con el precio de su propia vida. Por lo tanto, somos llamados a entregar nuestros deseos y glorificar a nuestro Salvador con nuestros cuerpos.

El sexo se trasciende en Cristo y se transformará en la resurrección.

El mundo enfatiza el sexo demasiado poco, pero a la misma vez con demasiado énfasis. Por un lado, el sexo se abarata con la cultura del sexo, la pornografía y una reducción general del sexo al mero placer o entretenimiento. Por otro lado, algunos elevan los deseos sexuales de una persona a un lugar en o cerca del núcleo de su identidad. Por esta razón, muchas personas piensan que negar los deseos sexuales de uno es dañino y, en última instancia, imposible. En este contexto, que simultáneamente se las arregla para subestimar y sobrevalorar el sexo, la intención creadora de Dios para el sexo realmente llega como una buena noticia.

La buena noticia de Dios es que el sexo, como característica de nuestra condición de criatura corporal, es un gran bien. Como todo lo que es bueno en nosotros como criaturas, debemos remitirlo al creador y usarlo de acuerdo con sus propósitos. Rendir nuestra sexualidad, ya sea en el pacto del matrimonio o en el celibato, conduce a grandes bendiciones en esta vida.

Sin embargo, la Biblia también aclara que el sexo no es el centro de lo que significa ser humano. La buena noticia es que nuestra verdadera vida, la raíz de lo que somos, “está escondida con Cristo en Dios” (Col 3:3). Nuestra identidad en Cristo trasciende y dura eternamente más que esta vida. Estar en Cristo ya es vivir como un ser humano que se define más por la unión con Jesús que por el hecho biológico del sexo.

Es importante notar que Cristo enseñó que el sexo, al menos como lo conocemos ahora, no es una característica de la vida resucitada. Las personas en el mundo venidero no se casarán ni se darán en matrimonio. No es que haya menos intimidad con el regreso de Cristo, sino infinitamente más. Esto se debe a que el matrimonio real y eterno, el matrimonio que se representa y se anticipa en la unión terrenal del hombre y la mujer, se habrá producido por fin entre Cristo y su esposa (Ef 5:31-32).

Como discípulos de Cristo valoramos la dimensión sexual de nuestra actual existencia corporal. Buscamos honrar a Dios en nuestra sexualidad al vivir de acuerdo con sus diseños en lugar de nuestros propios deseos. Afirmamos que tanto el matrimonio como el celibato están diseñados por Dios como caminos hacia la comunidad. Reconocemos con gratitud la gracia de Dios que nos ayuda a entregarnos, incluida nuestra sexualidad, a Cristo.

Publicado por Hermanos en Cristo EE.UU., Edición 2021